La fuerza de respetar y de ser responsable

Es un triste día el que descubres que no son los accidentes, el tiempo ni la mala suerte lo que te impide lograr las cosas, sino tú mismo.

Lillian Hellman

Las actitudes de respeto y responsabilidad se trabajan conjuntamente. A partir de una actitud respetuosa hacia uno mismo y hacia los demás, tomamos la determinación de ser responsables. Nos damos cuenta de que cualquier cosa que hacemos o decimos repercute en los demás y de que todos y cada uno de nosotros desempeñamos un papel fundamental en el equilibrio del planeta.

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Respeto

¿Qué es el respeto?

El respeto es la actitud a través de la cual tenemos en cuenta, en un sentido profundo, a las personas, mostramos consideración por sus derechos y nos abrimos a aprender de ellas. Implica ser consciente del propio valor y del de los demás.

Es un requisito previo para que los seres humanos puedan relacionarse los unos con los otros de una forma constructiva y positiva. Respetar a los demás implica entender que, a pesar de las diferencias, todos tenemos las mismas necesidades básicas —físicas, psicológicas y espirituales—, y que la experiencia y los conocimientos de los demás nos pueden ayudar.

¿Para qué sirve y cómo nos ayuda a ser felices?

La actitud respetuosa hacia nosotros mismos es fundamental para poder desarrollar el respeto hacia los demás. Esto implica comprender realmente el propio potencial y cuidarnos para poder desplegarlo.

La actitud respetuosa favorece que tengamos amigos verdaderos, en los que poder confiar y con los que poder compartir de forma auténtica experiencias de crecimiento personal.

El respeto hacia todos los miembros de la familia facilita mucho la convivencia y crea un clima de armonía fundamental para que cada uno pueda dar lo mejor de sí mismo.

Contribuye a la armonía de nuestra sociedad y sirve como ejemplo de cómo convivir con sabiduría.

Nos permite aprender de la diferencia. Es una cualidad fundamental en el mundo plural en que vivimos.

Nos enseña a actuar de forma inteligente, con empatía y ecuanimidad, ante posibles conflictos o diferencias de opinión. El respeto hacia las opiniones distintas de las propias propicia las relaciones pacíficas.

¿Cómo podemos desarrollar la actitud respetuosa?

Es muy importante ser respetuosos con nosotros mismos. Esta actitud no será egoísta si tenemos siempre presente que los demás son tan valiosos como nosotros. Se trata de desarrollar una actitud de respeto profundo hacia la propia persona, hacia nuestras necesidades, nuestros sentimientos, nuestros derechos... Cuando no nos respetamos a nosotros mismos y permitimos que los demás nos utilicen o nos hagan daño, es posible que después nosotros hagamos algo similar a los demás.

Observando con atención que todos necesitamos a los demás y dependemos de sus esfuerzos. A partir de aquí, tratando a todo el mundo con la misma cortesía y delicadeza con que nos gustaría que nos trataran a nosotros.

Recordando que todos somos iguales en esencia y que cada persona hace las cosas lo mejor que puede a partir de las circunstancias que le ha tocado vivir y de los conocimientos y recursos de que dispone.

Expresando lo que creemos y queremos, por muy fuerte y duro que sea, de forma tranquila y pacífica y tratando de no herir los sentimientos de los demás. Aceptando la parte vulnerable que hay en todas las personas. Son seres humanos como nosotros.

Aunque todas las personas son dignas de respeto, es especialmente importante ser respetuosos con las personas mayores. Han vivido más y tienen más experiencias y conocimientos. Nos puede parecer que son muy diferentes, pero ellos también han sido jóvenes y escucharlos nos hará más sabios.

Eligiendo bien a las personas de las que nos hacemos amigos y a las que elegimos para admirar. Observando si son felices y si poseen las cualidades que para nosotros son importantes.

Responsabilidad

¿Qué es la responsabilidad?

Una persona es responsable cuando:

  • Tiene la capacidad de discriminar conductas
  • Tiene la capacidad de discriminar resultados y relacionarlos con las conductas
  • Tiene la capacidad de asumir los resultados y los efectos de sus actos[1]

La responsabilidad es la contrapartida de la autonomía.

Ser responsable es entender que cada una de nuestras acciones afecta a los demás de forma directa o indirecta.

Ser responsable implica que los demás pueden confiar en nosotros, que estamos dispuestos a hacer las cosas lo mejor que podamos y a dar cuenta de lo que hacemos o dejamos de hacer.

La persona responsable cumple sus compromisos. Si se compromete a hacer algo para alguien, no lo pospone ni lo olvida, sino que se preocupa de llevarlo a cabo.

La responsabilidad ayuda a aceptar las felicitaciones cuando las cosas han salido bien y los errores en caso contrario.

Cuando alguien responsable comete algún error, evita echar la culpa a otras personas o a las circunstancias. Asumir los hechos implica que podemos explicar por qué han ocurrido las cosas sin recurrir a excusas y seguir esforzándonos para intentar mejorar.

Franzi davant una cadira tallada - Ernst Ludwig Kirchner
¿Cómo contribuye a nuestra felicidad?

El hecho de considerarnos dignos de ser cuidados y respetados mejora nuestra autoestima.

Cuando comprendemos que, conscientemente o no, estamos eligiendo de forma continua y tomamos la decisión de ser responsables de nuestros actos, cogemos el timón de nuestra vida, nos convertimos en sus autores. No dejamos que los demás lo hagan por nosotros. Esto nos hace sentir más libres.

Cuando todo va bien, es fácil olvidar que todo puede cambiar en un instante. En un mundo lleno de incertidumbre, el sentido de responsabilidad mutua es el que mantiene unidos a familiares y amigos; es lo que hace que nos sintamos seguros y apoyados y, en última instancia, que el mundo funcione mejor.

Cuando elegimos ser responsables con alguien, indirectamente estamos transmitiendo el mensaje de que el bienestar del otro nos importa y de que tratamos de hacer lo posible para contribuir a él. Esto hace que las relaciones sociales sean más ricas y tranquilas.

Cuando vemos que alguien se comporta de forma responsable con nosotros, gozamos de más seguridad y fuerza para enfrentarnos a los retos que se nos presentan.

Las relaciones basadas en la responsabilidad mutua y en la aceptación incondicional nos llenan de energía y satisfacción y hacen que sintamos que tenemos algo que ofrecer, que podemos elegir actuar para el bienestar global y que no estamos solos en el mundo.

Cuando comprendemos que el mundo es fruto de las acciones de cada uno de nosotros y que todo lo que hacemos afecta de algún modo a la totalidad, nos implicamos en su buen funcionamiento y nos sentimos menos solos. Comprender el sentido de la responsabilidad universal y compartirlo nos hace sentir a gusto con nosotros mismos.

¿Cómo desarrollar la actitud de responsabilidad?

No teniendo miedo de crecer, cogiendo el timón de nuestros actos.

Tomando decisiones y sabiendo lo que comporta tomarlas. Dejando de escudarnos en la inercia.

Dejando de buscar excusas cuando nos domina la pereza o cualquier distracción que nos aleja de lo que nosotros queremos en realidad o de lo que nos hemos comprometido a hacer. Entendiendo que la autonomía va ligada a la actitud responsable. Cuanta más autonomía, más responsabilidad, y cuanta más responsabilidad, más autonomía.

Entendiendo la importancia de esta actitud y comprometiéndonos de verdad. Antes de asumir cualquier encargo o trabajo, reflexionando bien sobre si podremos llevarlo a cabo. Siendo realistas y no aceptando tareas demasiado difíciles o que no podamos hacer por falta de tiempo.

Una vez aceptado un compromiso, esforzándonos para llevarlo a cabo con esmero y perseverancia.

Comprendiendo que no tiene sentido culpar a los demás ni poner excusas cuando algo sale mal, ya que con esta actitud estamos desaprovechando la oportunidad de crecer a partir de nuestros errores. Es fundamental analizar qué ha fallado y utilizar esta valiosa información para aprender y hacerlo mejor en otra ocasión. Todos aprendemos de los errores, no hay nada de vergonzoso en ello.



[1] Jaume Funes Artiga: 9 ideas clave. Educar en la adolescencia. Barcelona: Graó, 2010.