Sentimos satisfacción y la compartimos con alegría

Nuestra felicidad es proporcional a la cantidad de cosas de que podemos prescindir.

Henry David Thoreau

Las actitudes de satisfacción y alegría se trabajarán conjuntamente y constituyen la misma unidad didáctica. Para poder sentirnos bien, debemos comprender la importancia de cultivar una mente libre y tranquila que no se deje atrapar por la maraña de estímulos exteriores y comprenda que la felicidad es el resultado de un trabajo personal de crecimiento. Cuando conseguimos una cierta satisfacción respecto a lo que somos y lo que tenemos, podemos disfrutar de las cosas buenas que les suceden a los demás sin sentir envidia, y esto amplía nuestra percepción de felicidad.

Contenidos

Satisfacción

¿Qué es la satisfacción?

La satisfacción es un estado mental. Nos permite encontrar calma en nuestro interior y sentirnos contentos con lo que somos, independientemente de las circunstancias particulares que nos haya tocado vivir.

Conseguir este estado no depende de la situación económica o material que tengamos, ni de lo que hagan las personas que nos rodean.

¿Para qué sirve y cómo nos ayuda a ser felices?

Nos permite apreciar y contentarnos con lo que tenemos, en lugar de seguir anhelando más y más.

Nos libera de la insatisfacción crónica («No soy lo suficientemente bueno», «No tengo suficiente»), de la envidia («Los demás tienen más suerte que yo»), de las comparaciones negativas («Son mejores que yo) y del autosabotaje («Soy un inútil»), que nos hacen profundamente infelices.

Nos ayuda a vivir centrados en el momento presente, a aceptarnos como somos y a dirigir nuestras energías hacia el crecimiento personal de un modo eficaz.

¿Cómo podemos desarrollar la satisfacción?

Buscando ratos de reflexión periódica y recuperando el silencio para poder observar qué pensamientos o sentimientos nos están dirigiendo y detectar cuándo nos estamos obsesionando con algo.

Simplificando nuestra vida e intentando ser moderados en el consumo. Si nos dejamos llevar por un excesivo afán de posesión, podemos llegar a perder de vista lo que es realmente importante en la vida.

Reeducando la mirada, aprendiendo a fijarnos más en lo que tenemos que en lo que nos falta. Buscando los aspectos positivos de nuestras vidas y de nuestras relaciones, pues seguro que los hay.

Entendiendo la importancia de desear bien. En muchas ocasiones la vida nos acaba dando lo que habíamos deseado. Debemos desear de forma adecuada, escuchándonos con atención.

Entendiendo que el deseo que nos lleva a conseguir objetivos está bien, siempre y cuando nos inspire sin obsesionarnos y nos permita disfrutar del camino.

Si observamos las experiencias duras de otras personas, podemos aprender a relativizar el valor de algunas cosas que nos preocupan. También es preciso comprender que el placer no es lo mismo que la felicidad, ya que a medida que lo disfrutamos se agota y se consume. La felicidad tiene más que ver con la ausencia de impaciencia, lo que no quiere decir que no podamos disfrutar de todos los aspectos agradables que nos ofrezca la vida.

Evitando instalarnos en el victimismo. No buscando excusas y comprendiendo que la clave de la felicidad no está fuera de nosotros, sino que es esencialmente un estado interior.

Motivándonos todas las mañanas, comprendiendo que cada instante que vivimos es una oportunidad para crecer y ser felices.

Alegría

¿Qué es la alegría?

Es el sentimiento que experimentamos cuando nos ocurren cosas buenas, tanto a nosotros mismos como a los demás. Nos permite disfrutar de los placeres cotidianos y de la belleza que nos rodea. En los momentos de alegría, las preocupaciones y la frustración parecen desvanecerse y la rabia desaparece. La capacidad de disfrutar nos permite sentir felicidad por las experiencias buenas propias y alegría por la buena suerte de los demás.

¿Para qué sirve y cómo nos ayuda a ser felices?

Minimiza el dolor producido por la envidia y nos aleja de los estados depresivos y ansiosos.

Nos hace sentir más cercanos a la gente que amamos y suaviza las dificultades con aquellos que están más alejados de nosotros. Mejora las relaciones sociales.

Contrarresta la tendencia a fijarnos más en lo que es negativo que en lo que es positivo.

Nos centra en nuestros recursos psicológicos y en las habilidades y capacidades positivas propias y ajenas.

Neutraliza las amarguras del día, los pensamientos negativos, los sentimientos dolorosos y las envidias ajenas. Nos ayuda a no quedarnos atrapados en estados mentales negativos.

Mantiene alta nuestra motivación cuando estamos realizando un esfuerzo cuyos resultados no veremos hasta medio o largo plazo.

¿Cómo podemos desarrollar la alegría?

Tomándonos unos minutos al final del día para hacer recuento de todas las cosas buenas que nos han ocurrido, respirando profundamente y alegrándonos de ellas. Este sentimiento de alegría contrarresta la sensación de carencia que muchas veces nos tiene prisioneros.

Asumiendo el reto de alegrarnos deliberadamente de la buena fortuna de los que nos rodean. Luchando contra la tendencia a centrarnos más en lo que nos falta que en lo que tenemos.

Dividiendo todos los objetivos en pequeños pasos que sean alcanzables. A medida que los vayamos consiguiendo, alegrándonos por ello y disfrutando de los buenos resultados parciales.

Haciendo una lista de las cosas buenas que hayamos hecho en el pasado y tomando consciencia de cómo esto nos ayuda de forma positiva en la vida actual.