La mente crea la realidad

Las predisposiciones mentales nos gastan extrañas bromas. Vemos las cosas de la manera como nuestra mente ha adiestrado a nuestros ojos para verlas.

Muhammad Yunus

En esta unidad educativa se trabajará la observación de los pensamientos, para intentar ver de dónde vienen y cómo se forman.

Contenidos

¿Que quiere decir la mente crea la realidad?

En esta unidad didáctica nos plantearemos de dónde vienen nuestros pensamientos, las ideas que tenemos sobre el mundo que nos rodea y sobre nosotros mismos, y exploraremos la relación entre pensamiento, emoción y percepción.

Nos acercamos al mundo a través de los sentidos y, considerando que la asignatura que nos ocupa tiene que ver con un tipo concreto de percepción, la visual, empezaremos preguntándonos en qué consiste el hecho de ver. Los científicos dan respuesta a esta pregunta utilizando las teorías del proceso óptico del siguiente modo:

  • Los objetos del entorno emiten o reflejan la luz.
  • Las lentes de los ojos proyectan imágenes de estos objetos sobre las retinas, que transmiten el mensaje al cerebro.
  • La imagen óptica formada en la retina estimula unos 130 millones de receptores microscópicos, cada uno de los cuales responde a la longitud de onda y a la intensidad de la luz que recibe. Estos receptores no trabajan de forma independiente, sino que entre ellos se establecen conexiones neuronales.

Pero es evidente que no solo percibimos el mundo que nos rodea a través del sentido de la vista. Intervienen otros sentidos, como el oído, el olfato, el gusto e incluso otros sentidos somáticos, como el tacto, la termopercepción —que tiene que ver con la sensación térmica—, la nocicepción —que tiene que ver con la sensación de dolor— y la propiocepción —que informa de la posición y el movimiento de nuestro cuerpo.

Podríamos pensar que el hecho de ver, escuchar, oler, etc., es decir, de percibir, equivale a una serie de procesos correlacionados de percepción casi completamente pasivos que funcionan registrando de un modo lineal. Sin embargo, no es difícil percatarse de que hay otros factores individuales que intervienen en la descodificación de los estímulos perceptivos. Rudolf Arnheim, en el libro Arte y percepción visual, nos explica: «Se requieren principios ordenadores para transformar la infinitud de estímulos individuales en los objetos que vemos».

El mismo Rudolf Arheim añade que no solo interpretamos las percepciones, sino, que en el hecho de percibir un objeto, no es el objeto el que viene a nosotros, sino nosotros los que vamos hacia él. En un mismo espacio distintas personas no observan lo mismo. Cada una de ellas se fija en unas cosas determinadas y, por lo tanto, en la selección del elemento observado hay una parte de predisposición individual. La percepción es pues un proceso eminentemente activo, tanto por la selección de lo que observamos como por la posterior interpretación que hacemos de ello, que depende de múltiples factores.

Para interpretar o codificar es necesaria la formación de conceptos perceptivos. Pero, ¿qué es lo que determina dichos conceptos perceptivos? En la formación de los esquemas perceptivos influyen multitud de factores, desde las experiencias pasadas, las ideas previas y la familiaridad con lo observado hasta el interés concreto del observador por lo observado y la cultura a la que pertenece.

La utilización de los esquemas y conceptos perceptivos parece ser indispensable en la interpretación del mundo que nos rodea y acaba determinando la interpretación de la realidad.

¿Cómo contribuye a nuestra felicidad?

Cualquier decisión que tomemos se sustenta en un pensamiento. Normalmente, de forma instintiva, nos explicamos y sentimos el mundo como algo externo a nosotros, como una sucesión de acontecimientos que unas veces nos favorecen y otras no, como si participásemos en él de forma casi accidental.

El hecho de darnos cuenta del papel activo que desempeñamos en la descodificación de los estímulos puede ser muy útil para relativizar, para ver lo que nos ocurre desde una óptica distinta. Comprender que nuestras reacciones emocionales son consecuencia de la interpretación que hacemos de los estímulos nos brinda la posibilidad de actuar.

Sandra Blakeslee y Matthew Blakeslee, en el libro El mandala del cuerpo, nos hablan de las investigaciones actuales sobre los llamados mapas corporales y dicen lo siguiente: «Nuestro cerebro está lleno de mapas, mapas de la superficie del cuerpo, de su musculatura, de sus intenciones, del potencial para cada acción, incluso un mapa que plasma las intenciones de las personas que nos rodean». Al parecer, estos mapas son extremadamente plásticos y son capaces de reorganizarse en respuesta a experiencias. Se forman muy pronto, maduran con la experiencia y van cambiando a lo largo de nuestra vida. Los mencionados autores concluyen: «La suma total de nuestros mapas corporales flexibles y maleables da lugar a nuestro subjetivo pero sólido sentido del yo, así como a nuestra capacidad para comprender el mundo que nos rodea y navegar por él».

El hecho de darnos cuenta de la cantidad de trabajo que realiza nuestra mente y del papel interpretador respecto a lo que percibe, así como de la capacidad de flexibilidad y de interconexión de los esquemas y mapas conceptuales, abre una puerta a nuevas posibilidades. Constatar que realmente desempeñamos un papel activo en la percepción del mundo nos puede ayudar a no creer que todo cuanto percibimos es real, a relativizar lo que nos hace daño, a ponernos más en la piel de los demás, a plantearnos cambiar patrones y a explorar nuevas formas de interpretar.

Del mismo modo que un atleta entrena su cuerpo, nosotros también podemos entrenar nuestra mente para buscar maneras de interpretar que nos hagan sentir mejor.

¿Cómo desarrollar la consciencia de nuestro papel interpretador?

Se trata básicamente de iniciar un proceso de observación respecto al origen de los propios pensamientos. De prestar atención para darnos cuenta de que una misma cosa es percibida de forma distinta según quién sea el receptor, y que incluso nosotros mismos en función del momento hacemos una interpretación u otra.

Si cultivamos una mirada introspectiva nos damos cuenta de que nuestra percepción del mundo no es neutra, de que cada uno de nosotros desempeñamos un papel activo y que, por lo tanto, existe un pequeño margen para intervenir.