Todo cambia

Todo fluye, nada está quieto [...], lo único permanente es el cambio.

Heràclit

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¿Qué significa que todo cambia?

Nuestra realidad como seres vivos pone en evidencia día tras días el constante e infinito cambio transformador. Los átomos que componen nuestro cuerpo fluyen incesantemente, las células nacen, crecen, se desarrollan y se deterioran. Pasamos de la infancia a la vida adulta, y de ahí a la vejez y a la muerte. A cada momento, nuestros pensamientos y emociones cambian, a veces a una velocidad casi imperceptible para nosotros.

A pesar de ser evidente que todo está en continuo cambio —pues observamos, por ejemplo, que las estaciones transcurren inexorablemente, que las innovaciones se convierten en objetos obsoletos con el paso de los años y que los continentes y las montañas varían mediante un movimiento lento y constante—, nuestra tendencia habitual es sentir que todo es y seguirá siendo de la misma manera. El hecho de ignorar esta evidencia nos hace vivir atrapados en un mundo ilusorio, sometidos a la idea de que los objetos, las personas, las relaciones y los acontecimientos son estables y duraderos.

Nos olvidamos de que una relación amorosa puede terminar, de que una flor se marchitará y de que nuestra familia y los amigos envejecerán. Cuando vivimos de espaldas a esta realidad y no admitimos esta evidencia, sentimos angustia y nos invade una sensación de insatisfacción.

A pesar de que admitimos que el cambio y la evolución son inevitables, tenemos tendencia a no querer pensar en ello, porque estos pensamientos nos resultan incómodos y hacen que mundo seguro que creemos tener se tambalee. Nuestra necesidad de seguridad es la que nos lleva a contratar seguros para casi todos nuestros bienes, sin percatarnos de que vivir es inseguro y que la vida es frágil. Aprender del cambio quiere decir observar la fragilidad de la vida y entender que podemos utilizar el cambio y esta fragilidad como un motor que nos lleve a aprovechar realmente nuestros días, de modo que cuando llegue nuestro fin podamos sentir que hemos vivido.[1]

«El objetivo de la vida es vivir plenamente, pero la tragedia consiste en que la mayoría de nosotros morimos sin haber vivido de verdad. Vivir es nacer a cada instante», nos dice Erich Fromm.

¿Para qué sirve comprender el cambio y cómo nos ayuda a ser felices?

Puesto que una vida sin cambio es totalmente imposible, se trata de aprovecharla. El cambio nos da la oportunidad de empezar de nuevo, de transformarnos y de desarrollar todas nuestras capacidades.

Cada instante es una oportunidad que nos regala la vida. De nosotros depende aprovecharlo. El gran reto que tenemos ante nosotros es explorar nuevos territorios al tiempo que tomamos más consciencia de nuestros puntos fuertes y de nuestras debilidades, hasta encontrar la forma de crear una vida feliz y llena de sentido. Este paso puede exigirnos mucha energía, pero sin duda es apasionante. Por este camino podemos averiguar quiénes somos, qué estamos haciendo en esta vida y cómo podemos hacerlo mejor, para conseguir estar mejor con nosotros mismos y con los demás. Si todo cambia, cualquier cosa es posible.

¿Cómo podemos desarrollar la consciencia de la transitoriedad?

Observando la transitoriedad de absolutamente todo y reflexionando sobre el hecho de que nada procede de la nada, ni desaparece en la nada.

Entendiendo que los conceptos que utilizamos en el proceso perceptivo son fijos e inmóviles. Observando entonces cómo atribuimos estas cualidades de permanencia al mundo que nos rodea, de modo que negamos que la realidad es siempre cambiante.

Utilizando la evidencia de la propia muerte como motor y preguntándonos qué es lo que realmente queremos hacer con nuestra vida.

Dejando de invertir energía en no ver esta evidencia, dejando de tener miedo y empezando a invertir energía en entender que «quien no se ocupa de nacer, se está ocupando de morir».[2]

Comprendiendo que los cambios y las pérdidas son inevitables, pero que en ocasiones pueden ser una oportunidad de crecimiento si somos capaces de reflexionar y de aprender de las situaciones difíciles.

Miguel Ángel, el escultor, decía: «Si la vida nos parece agradable, lo mismo debe ser la muerte; viene de la mano del mismo maestro».



[1] Adaptación del texto de introducción al bloque «Encontrar sentido» de Preparados, listos… 16 actitudes para ser feliz. Novelda: Dharma, 2009.

[2] Àlex Rovira (comp.), Las palabras que curan. Barcelona: Plataforma, 2008.