Sabemos adónde vamos y somos valientes

Si hiciésemos las cosas que somos capaces de hacer, nos sorprenderíamos a nosotros mismos.

Thomas Alva Edison

En esta vida es importante saber quiénes somos. Dicen que Miguel Ángel, el escultor, explicaba que las esculturas que hacía ya estaban en el interior de las piedras. Él solo quitaba el excedente para revelar la preciosa esencia que siempre había estado ahí. Nosotros hacemos lo mismo al aprender las lecciones de la vida: quitar el excedente para revelar lo que tenemos dentro. Se trata pues de conectar con esta parte nuestra sabia que sabe realmente qué nos hace felices y tener la valentía de seguir el camino que los lleva a sacar lo mejor de nosotros mismos.

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Aspiraciones

¿Qué quiere decir?

Tener aspiraciones significa intentar ser mejores de lo que somos; intentar evolucionar y crecer para llegar a hacer las cosas lo mejor que podamos, teniendo en cuenta nuestras habilidades y potencialidades.

Tratar de hacer las cosas lo mejor posible y poner lo mejor de nosotros mismos tanto en las tareas que realizamos como en las relaciones que tenemos. No se trata de superar a nadie, sino de ser lo que podemos llegar a ser.

Atrevernos a mirar en nuestro interior para averiguar qué es lo que realmente queremos ser en la vida, adónde queremos llegar y, luego, hacer todo lo posible para ir en esa dirección. Comprender que no hay solo dos caminos, sino que todas las posibilidades están abiertas y, que una vez tomada la decisión, siempre podemos volver a plantearnos la mejor manera de seguir, incluso rectificando.

Comprender que no se trata solo de saber qué queremos e ir hacia allí sea como sea. El camino lo iremos recorriendo poco a poco, y la forma como lo recorremos es más importante que el destino. Encontraremos obstáculos dentro y fuera de nosotros. El camino consiste en avanzar respetuosamente sin pisar a nadie, aprendiendo de todo y de todo el mundo.

¿Para qué sirve tener aspiraciones?

Da un rumbo a la vida y hace que sintamos que no estamos perdidos.

Evita que desperdiciemos la vida llevados por la inercia y da dirección a nuestros actos.

Cuando las aspiraciones se ponen en acción, las personas se sienten transformadas y más llenas de paz; las malas noticias y las decepciones se afrontan con mayor ecuanimidad y se es capaz de conectar con la esperanza, incluso en los momentos más difíciles.

¿Cómo podemos desarrollar las aspiraciones?

Dedicando ratos y energía a escuchar nuestra voz interior, que sabe hacia dónde debemos ir.

Observando la transitoriedad, el cambio, y reflexionando sobre qué es lo que de verdad nos hace felices.

Entendiendo que si todo cambia, nosotros también podemos hacerlo. No se trata de forzar nada, sino de escucharnos de verdad y de dirigir nuestros pasos para que poco a poco vayamos haciendo camino.

Practicar la superación personal requiere la valentía suficiente para enfrentarnos a los retos sin saber si el esfuerzo tendrá el resultado que esperábamos.

Prestando toda nuestra atención a lo que hacemos en cada momento y no dejando nada a medias. Todo tiene importancia. Hacer las cosas lo mejor posible nos ayuda a conocer nuestras habilidades.

No paralizándonos con la duda constante ante el alud de posibilidades que nos ofrece la sociedad actual. No hay un solo camino, más bien hay una manera de caminar y de escuchar. Si nos escuchamos y vamos haciendo, la vida nos irá mostrando el camino.

Asumiendo que tenemos limitaciones. Todos somos diferentes y no todo el mundo tiene que hacer las cosas de la misma manera.

Buscando ratos para reflexionar sobre hacia dónde estamos yendo, y preguntándonos si estamos satisfechos. ¿Qué queremos de verdad? ¿Qué nos impide buscarlo?

Comprendiendo que continuamente estamos tomando pequeñas decisiones que marcan el camino que hacemos, seamos conscientes de ello o no. Todo va haciendo camino.

Valentía

¿Qué es la valentía?

Para ser valiente uno debe ser consciente de los propios miedos, enfrentarse a ellos y ser capaz de ir más allá de las propias necesidades inmediatas.

Es hacer lo que hay que hacer aunque se tenga miedo y resulte difícil.

El valor nos ayuda a superar las situaciones dolorosas, a admitir que nos hemos equivocado, a pedir perdón si hemos ofendido a alguien o a hacer lo que sabemos que está bien aunque los demás se rían o no lo comprendan. También es necesario para emprender una tarea difícil o enfrentarnos a lo desconocido.

Ser valiente no tiene nada que ver con correr riesgos innecesarios. A veces valor significa reconocer el peligro y evitarlo sin tratar de aparentar una falsa valentía. La imprudencia no es valentía, sino ignorancia.

La valentía implica ver, sentir y darse cuenta de que se puede actuar de forma distinta. Se trata de desarrollar la determinación de hacer algo y llevarla a cabo a pesar de los obstáculos. El coraje no queda definido por lo que uno hace, sino por todo lo que ha de superar para llevarlo a término.

¿Para qué sirve la valentía?

La valentía nos da la fuerza para buscar lo que de verdad queremos y la energía para llevarlo a cabo. Nos permite descubrir que tenemos más energía de la que creemos.

Nos recuerda que la vida es algo precioso y estimulante, y que, a menudo, cuando nos enfrentamos a un reto, es cuando más felices y vivos nos sentimos.

Los actos de coraje son inspiradores. Nos hacen ver que la vida está llena de dificultades pero que se pueden superar. Ver a alguien que lo ha conseguido antes que nosotros nos ayuda a seguir adelante a pesar del miedo.

¿Cómo podemos desarrollar la valentía?

Recordando que a menudo la valentía implica acciones aparentemente pequeñas, como, por ejemplo, expresar la propia opinión por más difícil e impopular que resulte.

Reconociendo el miedo y confrontándolo. Si huimos, nuestra tranquilidad solo será momentánea, porque al evitar algo lo que hacemos es alimentarlo.

Actuando aunque tengamos miedo. Esto hará que el miedo se desvanezca y que tengamos la oportunidad de sentir la alegría de haber hecho lo que nos hemos propuesto.

Distinguiendo entre el miedo que conviene superar y el hecho de exponerse a situaciones de riesgo innecesarias. Preguntándonos si tiene sentido enfrentarse a un reto particular y si tenemos suficientes recursos personales para hacerlo. Si la respuesta es afirmativa y solo es el miedo el que nos frena, debemos respirar hondo y avanzar.